Por Jorge Muzam
La poesía en la región de Ñuble ha gozado de vitalidad permanente a lo largo de su historia. Centenares de referentes reconocidos en la región, el país y el mundo lo atestiguan.
Diversidad creativa que se abre paso en cada comuna para dejar su impronta poética como testimonio de vida, de sensibilidad, de éxtasis, de sorprendimiento, de nostalgia y también de memoria.
Sergio Uribe ha dejado su constancia poética desde la ciudad de Chillán. Formado en la Escuela México y en el Liceo de Hombres Narciso Tondreau, donde junto a otros alumnos formaron el recordado Grupo SEMART (Semillero de Arte). Posteriormente ingresó al Grupo Literario Ñuble, presidido por el Profesor Carlos René Ibacache.
Tras estudiar literatura en la Universidad Austral de Chile, la vida lo llevó por diversos derroteros laborales y a una incesante labor creativa de poemas y artículos que fueron publicándose en distintos medios como boletines, revistas literarios y periódicos.
En Libre Plática, publicado bajo el sello Sombrero Negro Ediciones, es un poemario especial en muchos sentidos. Principalmente porque se escribe, no desde el salón literario ni desde la academia ni desde el taller de letras, sino desde la autoafirmación misma de un obrero, de un hombre que se gana el pan de cada día a través de sus manos, como lo expone el poema En Obra:
Yo soy el albañil
que le rasco la guata
a la vida
con mi platacho
de alerce.
Soy el enfierrador
que con mi grifa
le tuerzo el cogote
a la semana corrida.
Soy el maestro
independiente
que no cobra
honorarios
en ningún ministerio
y no se queja
por no tener vacaciones
de invierno.
Soy el carpintero
que, a martillazo
limpio,
le clava
una sonrisa
al día lunes
y no me sacudo
las manos
para acariciar
a mis hijos;
no me limpio
la boca
para saludar
a mi madre
y besar
a mi mujer.
La mente del poeta sigue regurgitando la vida tras un día de duro trabajo. Evoca, anhela, ama, desea, se desangra, y la copa de vino permanece como entristecida sobre el mantel de un altar laico, presta a ser consumida en esa misa de sobrevivencia que deparan los días aciagos.
Sergio Uribe se alza con esta obra como un poeta peculiarísimo de la región de Ñuble. Distinto, noble y perdurable.

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